POEMAS


A MI ALMA

A TODAS MIS LLAMADAS

ABRIL

ACABAS DE SALIR DE TU ALCOBA... YO HE ENTRADO

ADOLESCENCIA

AGUA EN EL AGUA

ÁLAMO BLANCO

ALEGRÍA NOCTURNA

ANDANDO

ANTEPRIMAVERA

AQUELLA TARDE, AL DECIRLE...

AY, MAÑANA SIN TI!

BALADA DE LA MUJER MORENA Y ALEGRE

CANCIÓN DE INVIERNO

COLOR

COMO ME MIRAS... POR SI YO PUDIESE

CON LAS ROSAS

DESPEDIDA

DESTINO RUIN; TÚ SI FUESES…

DIOS DE AMOR

EL COLOR DE TU ALMA

EL DESVELADO

EL MAR LEJANO

EL POETA A CABALLO

EL VIAJE DEFINITIVO

EL VIENTO RINDE LAS RAMAS…

ENTRE LA BRISA

ESTA ALEGRÍA NO ES SINCERA

ESTE DOLOR

ESTOY TRISTE, Y MIS OJOS NO LLORAN

FUERA

GIRALDA!

GRACIAS AMOR POR ESTA SERENA DESVENTURA…

HAY UN ORO DULCE Y TRISTE

HOY RETORNO A VIVIR!...

IBA TOCANDO MI FLAUTA

INTELIJENCIA

JUNTO AL POZO DEL CLAUSTRO TE SUSPIRÉ MI AMOR…

LA AUSENCIA

LA FIESTA

LA HERMOSURA DE LA TARDE

LA HORA

LA MEMORIA

LA ROSA AZUL

LA ÚNICA ROSA

LAS ILUSIONES

LAS TARDES DE ENERO

LLUVIA DE OTOÑO

LOS SAUCES ME LLAMARON…

MÁS ALLÁ QUE YO

MI ALMA ES HERMANA DEL CIELO

NEGRA

NO HAY SOL; EL CIELO DE INVIERNO….

NO SÉ LO QUE HE DE HACER…

NOCTURNO

NOCTURNO

NOSTALGIA

OTOÑO

PATIO PRIMERO

PEDAZO DE SOL…

PORQUE TODO ES DE VERDAD

PRIMAVERA AMARILLA

QUÉ TRISTEZA DE OLOR A JAZMÍN!

REMORDIMIENTO?

REPROCHES

ROSA

ROSA, POMPA, RISA

ROSAS DE CADA DÍA

ROSAS MUSTIAS DE CADA DÍA

SIESTA DE LA TORMENTA

SIN TI NADA ES LA VIDA…

SOLEDAD

SOMNOLENTA

TAL COMO ESTABAS

TARTESIA ALTIVA

TE DESHOJÉ COMO UNA ROSA

TRASCIELO DEL CIELO AZUL

TRASUNTO DE CRISTAL …

UN JARDÍN QUE NOS CONSUELE

VIENTO DE AMOR

VINO, PRIMERO, PURA…

YO ME MORIRÉ

YO NO SOY YO

ZINC





A MI ALMA

Siempre tienes la rama preparada
para la rosa justa; andas alerta
siempre, el oído cálido en la puerta
de tu cuerpo, a la flecha inesperada.

Una onda no pasa de la nada,
que no se lleve de tu sombra abierta
la luz mejor. De noche, estás despierta
en tu estrella, a la vida desvelada.

Signo indeleble pones en las cosas.
luego, tornada gloria de las cumbres,
revivirás en todo lo que sellas.

Tu rosa será norma de las rosas;
tu oír, de la armonía; de las lumbres
tu pensar; tu velar, de las estrellas.





A TODAS MIS LLAMADAS

A todas mis llamadas
has respondido con un eco lento…
Pero, ¿en dónde estás tú mujer que ya eres mía
en dónde estás que no te veo?

-Jardín de las memorias inefables,
ocaso de los sueños de los suelos venideros
brisa que acercas más las cosas
cuando viven más lejos
¿pasaré ya la vida
a tientas como un ciego?

Sí, a todos mis suspiros
has respondido con un suspirar quedo…
¡Aquí estas, aquí estás;
me embragas, te siento!
Pero, ¿en dónde estás tú mujer que ya eres mía
en dónde estás que no te veo?





ABRIL

Se vistió la nieve
de vagos carmines.
¿Me quieres?- me dijo
¡Te quiero!- le dije.

Me besó en la boca
con un beso inmenso.
Abril vino al mundo
y yo quedé muerto





ACABAS DE SALIR DE TU ALCOBA... YO HE ENTRADO

Acabas de salir de tu alcoba... Yo he entrado.
está desarreglada, deshojada, marchita...
sobre una silla de oro, el corsé perfumado
que llevabas la tarde de la última cita...

En el sofá -¡oh recuerdos!- la magia de tu enagua,
tu huella en el desorden fragante de tu lecho,
¡ah, y en la palangana de plata, sobre el agua,
una rosa amarilla que perfumó tu pecho!

¡Y un olor de imposible, de placer no extinguido
y saciado, ese más que tiene la belleza,
laberinto sin clave, sin fin y sin sentido,
que nace con locura y muere con tristeza!





ADOLESCENCIA

En el balcón, un instante
nos quedamos los dos solos.
Desde la dulce mañana
de aquel día, éramos novios.
—El paisaje soñoliento
dormía sus vagos tonos,
bajo el cielo gris y rosa
del crepúsculo de otoño.—
Le dije que iba a besarla;
bajó, serena, los ojos
y me ofreció sus mejillas,
como quien pierde un tesoro.
—Caían las hojas muertas,
en el jardín silencioso,
y en el aire erraba aún
un perfume de heliotropos.—

No se atrevía a mirarme;
le dije que éramos novios,
...y las lágrimas rodaron
de sus ojos melancólicos.





AGUA EN EL AGUA

Quisiera que mi vida
se cayera en la muerte,
como este chorro alto de agua bella
en el agua tendida matinal;
ondulado, brillante, sensual, alegre,
con todo el mundo diluido en él,
en gracia nítida y feliz.





ALAMO BLANCO

Arriba canta el pájaro y abajo canta el agua.
(Arriba y abajo, se me abre el alma.)

Entre dos melodías la columna de plata.
Hoja, pájaro, estrella; baja flor, raíz, agua.
Entre dos conmociones la columna de plata.
(Y tú, tronco ideal, entre mi alma y mi alma.)

Mece a la estrella el trino, la onda a la flor baja.
(Abajo y arriba, me tiembla el alma.)





ALEGRÍA NOCTURNA

¡Allá va el olor
de la rosa!
¡Cójelo en tu sinrazón!

¡Allá va la luz
de la luna!
¡Cójela en tu plenitud!

¡Allá va el cantar
del arroyo!
¡Cójelo en tu libertad!





ANDANDO

Andando, andando.
Que quiero oír cada grano
de la arena que voy pisando.

Andando.
Dejad atrás los caballos,
que yo quiero llegar tardando
(andando, andando)
dar mi alma a cada grano
de la tierra que voy rozando.

Andando, andando.
¡Qué dulce entrada en mi campo,
noche inmensa que vas bajando!

Andando.
Mi corazón ya es remanso;
ya soy lo que me está esperando
(andando, andando)
y mi pie parece, cálido,
que me va el corazón besando.

Andando, andando.
¡Que quiero ver el fiel llanto
del camino que voy dejando!





ANTEPRIMAVERA

Llueve sobre el río...

El agua estremece
los fragantes juncos
de la orilla verde...
¡Ay, qué ansioso olor
a pétalo frío!

Llueve sobre el río...

Mi barca parece
mi sueño, en un vago
mundo. ¡Orilla verde!
¡Ay, barca sin junco!
¡Ay, corazón frío!

Llueve sobre el río...





AQUELLA TARDE, AL DECIRLE...

Aquella tarde, al decirle
que me alejaba del pueblo,
me miró triste, muy triste,
vagamente sonriendo.

Me dijo: ¿Por qué te vas?
Le dije: Porque el silencio
de estos valles me amortaja
como si estuviera muerto.

-¿Por qué te vas?- He sentido
que quiere gritar mi pecho,
y en estos valles callados
voy a gritar y no puedo.

Y me dijo: ¿Adónde vas?
Y le dije: A donde el cielo
esté más alto y no brillen
sobre mí tantos luceros.

La pobre hundió su mirada
allá en los valles desiertos
y se quedó muda y triste,
vagamente sonriendo.





AY, MAÑANA SIN TI!

¡Ay, mañana sin ti!
¿Para qué quiero yo la primavera
si tú no estás aquí?

¡Estarás viendo el sol!
En estos campos con verdores nuevos,
tú con tu corazón.
¡Amor, amor, amor!
(Torna len la brisa clara
el corazón)

¿La brisa es tu reír?
A veces sueño que la brisa loca
te ha dibujado a ti.

Voz de fino cristal.
¿Porqué si estás cantado entro dos luces
no te escucho ya?

¡Ojos!.¡Mirada azul!
¿Porqué has dejado negra, para siempre,
mi opaca juventud?

¡Amor, amor, amor!
(Tornas en una onda de perfume
al pobre corazón)

Oh, ven, amor; ven, ven…
El día huele a gloria, a verso claro
y a carne de mujer.

Todo se pone en flor.
La campana, el pájaro, el agua
se abren a mi ilusión.

¿Llorar, sólo llorar…?
Si ella no viene, abril si ella no viene
no vengas más.

¡Ay, mañana sin ti!
¿Para qué quiero yo la primavera
si tú no estás aquí?





BALADA DE LA MUJER MORENA Y ALEGRE

Baladas de Primavera (1907)

Cuando Preciosa el panderete toca,
y hiere el dulce son los aires vanos,
perlas son que derrama con las manos
flores son que despide con la boca.
CERVANTES: La Gitanilla.


¡Carne de música, rosal de sangre loca,
sol con estrellas, manzana matutina,
pon en mi boca las rosas de tu boca,
tu boca roja de sol y coralina!

¡Ábrete toda como una dulce fruta,
llena de rizos al pino de tu palma,
pon, africana, sobre mi amarga ruta,
la sombra fresca del pozo de tu alma!

Mi hogar espera la luz de tu tesoro,
carne de bronce, de seda y de topacio;
¡dórame todo con tu esplendor de oro,
mujer, abierta lo mismo que un palacio!

Luz, pandereta, cristal en flor, granada,
agua de azul, mariposa florecida,
¡quita con una sonora carcajada
las flores secas del libro de mi vida!

Quédate en mí, soy pobre y soy poeta,
huyó en mi blanco pegaso la fortuna,
y quiero oír tu alegre pandereta
cuando florezca la nieve de la luna...

Agua, amapola, rosal de sangre loca,
vida de música, gitana cristalina,
¡dale a mi boca la fruta de tu boca,
tu boca roja de sol y coralina!





CANCIÓN DE INVIERNO

Cantan. Cantan.
¿Dónde cantan los pájaros que cantan?

Ha llovido. Aún las ramas
están sin hojas nuevas. Cantan. Cantan
los pájaros. ¿En dónde cantan
los pájaros que cantan?

No tengo pájaros en jaulas.
No hay niños que los vendan. Cantan.
El valle está muy lejos. Nada...

Yo no sé dónde cantan
los pájaros -cantan, cantan-
los pájaros que cantan.





COLOR

¡Color que, un momento, el humo
toma del sol que lo pasa;
vida mía, vida mía,
fugaz y coloreada!





COMO ME MIRAS... POR SI YO PUDIESE

Pajarillo cojido, de tu pecho dulce
por el águila negra de la muerte,
¡cómo me miras con tu ojito triste!
(negro plenor sangriento de luz débil).
Desde debajo de la garra inmensa,
que para siempre ya le tiene
y afirmado, mientras la desafía
la vasta sombra que su vista emprende.
¡Cómo me mira sin pedirme nada,
cómo me mira... por si yo pudiese,
que ya te está teniendo para siempre!





CON LAS ROSAS

No, esta dulce tarde
no puedo quedarme;
esta tarde libre
tengo que irme al aire.

Al aire que ríe
abriendo los árboles,
amores a miles,
profundo, ondeante.

Me esperan las rosas
bañando su carne.
¡No me claves fines;
no quiero quedarme!





DESPEDIDA

¡No un corazón que se divida, alegre,
al sol poniente del estío- oro
de dolor siendo amable-
en los entristecidos corazones!
¡oh, nunca más esta partida
a uno mismo, quedándose uno mismo,
tan solo, sin su alma!

¿A qué morir cien veces
con la duda, en las largas agonías
de ir a una primavera?
¡Oh, vida que, la dejarse, seca y fría
te quedas, con ausol y con tu alma,
fea, inútil!

Tu solo, corazón, contigo mismo
solo, como una rosa, como una
estrella, sola siempre.
con tu luz para todos, pero ciego
en tu esplendor, sin la luz de nadie, solo
mirándote en el rumbo invariable
de la eterna paz de tu ignorado centro.





DESTINO RUIN; TÚ SI FUESES…

Destino ruin; tú si fueses
un hombre y se pudiera
buscar, igual que al león
más terrible, por la tierra.





DIOS DE AMOR

Lo que Vos queráis, señor;
y sea lo que Vos queráis.

Si queréis que entre las rosas
ría hacia los matinales
resplandores de la vida,
que sea lo que Vos queráis.

Si queréis que entre los cardos
sangre hacia las insondables
sombras de la noche eterna,
que sea lo que Vos queráis.

Gracias si queréis que mire,
gracias si queréis cegarme;
gracias por todo y por nada,
y sea lo que Vos queráis.

Lo que Vos queráis, señor;
y sea lo que Vos queráis.





EL COLOR DE TU ALMA

Ríos que se van (1951-1954)

Mientras que yo te beso, su rumor
nos da el árbol que mece al sol el oro
que el sol le da al huir, fugaz tesoro
del árbol que es el árbol de mi amor.

No es fulgor, no es ardor y no es altor
lo que me da de tí lo que te adoro,
con la luz que se va; es el oro, el oro,
es el oro hecho sombra: tu color.

El color de tu alma; pues tus ojos
se van haciendo ella, y a medida
que el sol cambia sus oros por sus rojos
y tú te quedas pálida y fundida,
sale el oro hecho tú de tus dos ojos
que son mi paz, mi fe, mi sol: ¡mi vida!





EL DESVELADO

Poesía (1917-1923)

¡Mis ojos abiertos!
¡Llevadme a la mar,
a ver si me duermo!
Mientras estén lejos,
no se han de cerrar
mis ojos abiertos.

Llorarán recuerdos,
hasta hacer un mar
de llanto y deseo.

Un mar sin consuelo,
que me ha de llevar
al desvelo eterno.

No imitan los besos,
ni el dulce cantar,
la ola y el viento.

¡La ola y el viento!
¡Llevadme a la mar,
a ver si me duermo!





EL MAR LEJANO

La fuente trueca su cantata.
Se mueven todos los caminos...
Mar de la aurora, mar de plata,
¡qué nuevo estás entre los pinos!

Viento del sur ¿vienes sonoro
de granas? Ciegan los caminos...
Mar de la siesta, mar de oro,
¡qué loco estás sobre los pinos!

Dice el verdón no sé qué cosa.
Mi alma se va por los caminos...
Mar de la tarde, mar de rosa,
¡qué dulce estás bajo los pinos!





EL POETA A CABALLO

¡Qué tranquilidad violeta,
por el sendero, a la tarde!
A caballo va el poeta...
¡Qué tranquilidad violeta!

La dulce brisa del río,
olorosa a junco y agua,
le refresca el señorío...
La brisa leve del río...

A caballo va el poeta...
¡Qué tranquilidad violeta!

Y el corazón se le pierde,
doliente y embalsamado,
en la madreselva verde...
Y el corazón se le pierde...

A caballo va el poeta...
¡Qué tranquilidad violeta!

Se esté la orilla dorando...
El último pensamiento
del sol la deja soñando...
Se está la orilla dorando...

¡Qué tranquilidad violeta,
por el sendero, a la tarde!
A caballo va el poeta...
¡Qué tranquilidad violeta!





EL VIAJE DEFINITIVO

Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas la tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado.
mi espíritu errará, nostálgico…

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando





EL VIENTO RINDE LAS RAMAS….

El viento rinde las ramas
con los pájaros dormidos.
-Abre tres veces el faro
su ojo verde.- Calla el grillo.

¡Qué lejos, el huracán
pone, uno de otro, los sitios!
¡Qué difícil es lo fácil!
¡Qué cerrados los caminos!

Parece que se ha trocado
todo. Pero al claror íntimo
se ven arenas y flores,
donde ayer tarde las vimos.





ENTRE LA BRISA

(A Antonio Machado)

Amistad verdadera,
claro espejo en donde la ilusión se mira.
Parecen esas nubes
más claras, más tranquilas.
Siento esta tarde de Moguer, Antonio,
tu corazón entre la brisa.
La tarde huele a gloria,
el sol inflama fantasmales liras
en un ocaso musical de oro,
como de mariposa encendidas;
liras altas y hondas,
de cuerdas de ascuas líquidas,
donde bandas de pájaros eternos,
irán a recojerse un día.
Antonio ¿sientes esta tarde en Soria,
ardiente mi corazón entre la brisa?





ESTA ALEGRÍA NO ES SINCERA

Jardines Lejanos (1904)

Pues que han abierto esta tarde
las rosas de tu terraza,
deja que ponga mis labios
sobre tus labios, amada.

Tengo fragantes mis manos
para tus carnes intactas;
si tus pechos están blancos,
tú verás mis manos blancas.

Habrá flores y caricias
en la sombra de tu falda,
muchos besos..., muchos besos,
casi ninguna palabra...

Mis ojos sobre tus ojos,
tu alma dentro de mi alma,
tu corazón en tu pecho,
tu pecho en mi mano pálida;

todo bajo el cielo rosa
y el oro de tus pestañas,
todo, amada, bajo el sueño
de tus ojos de romántica;

la tarde se irá muriendo
sobre tus parques; el malva
y el rosa del cielo, harán
bien a las frondas doradas;

vendrá frescura de fuentes,
olor de lilas y acacias,
tal vez alguna magnolia
abrirá su carne blanca...

Y cuando la luna nueva
esté frente a tu terraza,
dará su pena más rosa
para tus rosas, amada.





ESTE DOLOR

Las Hojas Verdes (1906)

Este dolor me lo he buscado yo;
¿Entre mis rosas, lo tendría? ¡No!

¡Ay! La costumbre lamentable de
buscar entre la sombra un por qué.
Era bella, era fresca, pero muy
distinta, por sus soles, de mí.
Y me llenó de sol y labios. ¡Ah!
y mi alma no puede olvidarla ya.

Este dolor me lo he buscado yo;
¿Entre mis rosas, lo tendría? ¡No!





ESTOY TRISTE, Y MIS OJOS NO LLORAN

Estoy triste, y mis ojos no lloran
y no quiero los besos de nadie;
mi mirada serena se pierde
en el fondo callado del parque.

¿Para qué he de soñar en amores
si está oscura y lluviosa la tarde
y no vienen suspiros ni aromas
en las rondas tranquilas del aire?

Han sonado las horas dormidas;
está solo el inmenso paisaje;
ya se han ido los lentos rebaños;
flota el humo en los pobres hogares.

Al cerrar mi ventana a la sombra,
una estrena brilló en los cristales;
estoy triste, mis ojos no lloran,
¡ya no quiero los besos de nadie!

Soñaré con mi infancia: es la hora
de los niños dormidos; mi madre
me mecía en su tibio regazo,
al amor de sus ojos radiantes;

y al vibrar la amorosa campana
de la ermita perdida en el valle,
se entreabrían mis ojos rendidos
al misterio sin luz de la tarde...

Es la esquila; ha sonado. La esquila
ha sonado en la paz de los aires;
sus cadencias dan llanto a estos ojos
que no quieren los besos de nadie.

¡Que mis lágrimas corran! Ya hay flores,
ya hay fragancias y cantos; si alguien
ha soñado en mis besos, que venga
de su plácido ensueño a besarme.

Y mis lágrimas corren... No vienen...
¿Quién irá por el triste paisaje?
Sólo suena en el largo silencio
la campana que tocan los ángeles.





FUERA

Poesía (1917-1923)

¡Ay, el aire yerto,
campana en el frío,
ojos en la escarcha!

En lo dentro, antes,
la casa era cuerpo
y el cuerpo era alma.

¡Ay, la blanca tierra,
el silencio, el humo
que al hogar levanta!

Ahora, caminando,
es el alma cuerpo,
la casa es el alma.





GIRALDA!

Giralda, ¡qué bonita
me pareces, Giralda- igual que ella,
alegre, fina y rubia-,
mirada por mis ojos negros- como ella-,
apasionadamente!

¡Inefable Giralda,
Gracia e intelijencia, tallo libre
-¡oh, palmera de luz!,
¡parece que se mece, el viento, el cielo!-
Del cielo inmenso, el cielo
Que sobre ti –sobre ella- tiene,
Fronda inefable, el paraíso!





GRACIAS AMOR POR ESTA SERENA DESVENTURA…

Gracias amor por esta serena desventura.
¡qué bien hallado estoy con mi desesperanza!
-¡Cuán fácilmente, en ella, vuela mi nave pura!-
¡Oh qué mar tormentosa tan llena de bonanza!

¿Dónde la pasión loca se ha sepultado? Todo,
Desde que la aulaga ha clavado su espina
En mi ilusión, parece riendo, de otro modo:
¡la noria, tan alegre; tan verde la colina!

…Pero un remordimiento de mi misma tristeza
Lo anega todos, a veces en olas de quebranto.
Siento que mi dolor me toca de belleza,
¡y me apenumbro en esta felicidad de llanto!





HAY UN ORO DULCE Y TRISTE

(de Jardines Lejanos)

Hay un oro dulce y triste
en la malva de la tarde,
que da realeza a la bella
suntuosidad de los parques.

Y bajo el malva y el oro
se han recogido los árboles
verdes, rosados y verdes
de brotes primaverales.

En el cáliz de la fuente
solloza el agua fragante,
agua de música y lágrima,
nacida bajo la hierba
entre rosas y cristales...

...Ya el corazón se olvidaba
de la vida...; por los parques
todo era cosa de ensueño,
luz de estrellas, alas de ángeles...

Sólo había que esperar
a los luceros; la carne
se hacía incienso y penumbra
por las sendas de los rosales...

Y, de repente, una voz
melancólica y distante,
ha temblado sobre el agua
en el silencio del aire.

Es una voz de mujer
y de piano, es un suave
bienestar para las rosas
soñolientas de la tarde;

Una voz que me va haciendo
llorar por nadie y por alguien
en esta triste y dorada
suntuosidad de los parques.





HOY RETORNO A VIVIR!...

¡Hoy retorno a vivir!
¡Mis locas manos
tienen aún la esencia
de los fosos humanos
que abre la carne bajo la inocencia,
jardín profuso y palpitante
que bajo de cada rosa
tiene una sombra lacinante
rosa divina y venenosa!

Me he perdido en los gritos
con que los hombre viles
asustan los serenos infinitos,
desde su lóbregos cubiles.
Y el repuesto paraje
donde encontré la paz y la ventura
se ha diluido en un paisaje.





IBA TOCANDO MI FLAUTA

Iba tocando mi flauta
a lo largo de la orilla;
y la orilla era un reguero
de amarillas margaritas.

El campo cristaleaba
tras el temblor de la brisa;
para escucharme mejor
el agua se detenía.

Notas van y notas vienen,
la tarde fragante y lírica
iba, a compás de mi música,
dorando sus fantasías,

y a mi alrededor volaba,
en el agua y en la brisa,
un enjambre doble de
mariposas amarillas.

La ladera era de miel,
de oro encendido la viña,
de oro vago el raso leve
del jaral de flores níveas;

allá donde el claro arroyo
da en el río, se entreabría
un ocaso de esplendores
sobre el agua vespertina...

Mi flauta con sol lloraba
a lo largo de la orilla;
atrás quedaba un reguero
de amarillas margaritas...





INTELIJENCIA

(de Eternidades)

Intelijencia, dame
el nombre esacto de las cosas!
Que mi palabra sea
la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente.
Que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los que ya las olvidan, a las cosas;
que por mí vayan todos
los mismos que las aman, a las cosas...
¡Intelijencia, dame
el nombre esacto, y tuyo,
y suyo, y mío, de as cosas!





JUNTO AL POZO DEL CLAUSTRO TE SUSPIRÉ MI AMOR…

Junto al pozo del claustro te suspiré mi amor
con versos de San Juan de la Cruz. En los tejados
llenos de musgo y de verdín, libros de sol,
amándose también, gorgojeaban los pájaros…

La yerba alta te llegaba-¡qué fragancia
al andar tú!- hasta las glorias de tu rosario
y entre el verdor con oro y entre las flores dulces
como una campanilla se entreabría tu mano.

¡Mano que castigó el beso que te di
entre el rubor ardiente de tu rostro romántico,
que fue camino de tu boca altiva,
agridulce- ¿te acuerdas?- lo mismo que los pámpanos!





LA AUSENCIA

Cuando el amor se va,
parece que se inmensa.

¡Cómo le aumenta el alma
a la carne la pena!

Cuando se pone el sol
lo ahondan las estrellas.





LA FIESTA

Todos los días yo soy
yo. Pero ¡qué pocos días
soy yo!

Todos los días el cielo
vive en mis ojos. Mas ¿cuándo
es dios?

Todos los días me hablas.
Y ¡qué pocas veces oigo
tu voz!





LA HERMOSURA DE LA TARDE

La hermosura de la tarde
me ha herido el corazón
¡No puedo más. Aquí estoy,
caído, muerto de amor!

Mi sangre se une a la sangre
de un ocaso de pasión
¡No puedo más. Aquí estoy
-no estoy- muerto de amor!





LA HORA

Cada minuto de este oro
¿no es toda la eternidad?

El aire puro lo mece
sin prisa, como si ya
fuera todo el oro que
tuviera que acompasar.

(¡Ramas últimas, divinas,
inmateriales, en paz;
ondas del mar infinito
de una tarde sin pasar!)

Cada minuto de este oro
¿no es un latido inmortal
de mi corazón radiante
por toda la eternidad?





LA MEMORIA

¡Qué tristeza este pasar
el caudal de cada día
(¡vueltas arriba y abajo!),
por el puente de la noche
(¡vueltas abajo y arriba!),
al otro sol!
¡Quién supiera
dejar el manto, contento,
en las manos del pasado;
no mirar más lo que fue;
entrar de frente y gustoso,
todo desnudo, en la libre
alegría del presente!





LA ROSA AZUL

¡Que goce triste este de hacer todas las cosas como ella las hacía!
Se me torna celeste la mano, me contagio de otra poesía
Y las rosas de olor, que pongo como ella las ponía, exaltan su color;
y los bellos cojines, que pongo como ella los ponía, florecen sus jardines;
Y si pongo mi mano -como ella la ponía- en el negro piano,
surge como en un piano muy lejano, mas honda la diaria melodía.

¡Que goce triste este de hacer todas las cosas como ella las hacía!
me inclino a los cristales del balcón, con un gesto de ella
y parece que el pobre corazón no está solo.
Miro al jardín de la tarde, como ella,
y el suspiro y la estrella se funden en romántica armonía.

¡Que goce triste este de hacer todas las cosas como ella las hacía!
Dolorido y con flores, voy, como un héroe de poesía mía.
Por los desiertos corredores que despertaba ella con su blanco paso,
y mis pies son de raso -¡oh! Ausencia hueca y fría!-
y mis pisadas dejan resplandores.





LA ÚNICA ROSA

Todas las rosas son la misma rosa,
amor, la única rosa.
Y todo queda contenido en ella,
breve imajen del mundo,
¡amor!, la única rosa.





LAS ILUSIONES

—No era nadie. El agua.
—¿Nadie?
¿Que no es nadie el agua?
—No
hay nadie. Es la flor.
—¿No hay nadie?
Pero ¿no es nadie la flor?

No es nadie. Era el viento.
—¿Nadie?
¿No es el viento nadie?
—No
hay nadie. Ilusión.
—¿No hay nadie?
¿Y no es nadie la ilusión?





LAS TARDES DE ENERO

Va cayendo la noche: La bruma
ha bajado a los montes el cielo:
Una lluvia menuda y monótona
humedece los árboles secos.
El rumor de sus gotas penetra
hasta el fondo sagrado del pecho,
donde el alma, dulcísima, esconde
su perfume de amor y recuerdos.
¡Cómo cae la bruma en el alma!
¡Qué tristeza de vagos misterios
en sus nieblas heladas esconden
esas tardes sin sol ni luceros!
En las tardes de rosas y brisas
los dolores se olvidan, riendo,
y las penas glaciales se ocultan
tras los ojos radiantes de fuego.
Cuando el frío desciende a la tierra,
inundando las frentes de invierno,
se reflejan las almas marchitas
a través de los pálidos cuerpos.
Y hay un algo de pena insondable
en los ojos sin lumbre del cielo,
y las largas miradas se pierden
en la nada sin fe de los sueños.
La nostalgia, tristísima, arroja
en las almas su amargo silencio,
Y los niños se duermen soñando
con ladrones y lobos hambrientos.
Los jardines se mueren de frío;
en sus largos caminos desiertos
no hay rosales cubiertos de rosas,
no hay sonrisas, suspiros ni besos.
¡Como cae la bruma en el alma
perfumada de amor y recuerdos!
¡Cuantas almas se van de la vida
estas tardes sin sol ni luceros!





LLUVIA DE OTOÑO

(Llueve, llueve dulcemente...)

... El agua lava la yedra;
rompe el agua verdinegra;
el agua lava la piedra...
Y en mi corazón ardiente,
llueve, llueve dulcemente

Esté el horizonte triste;
¿el paisaje ya no existe?;
un día rosa persiste
en el pálido poniente...
Llueve, llueve dulcemente.

Mi frente cae en mi mano
¡Ni una mujer, ni un hermano!
¡Mi juventud pasa en vano!
- Mi mano deja mi frente... -
¡Llueve, llueve dulcemente!

¡Tarde, llueve; tarde, llora;
que, aunque hubiera un sol de aurora
no llegará mi hora
luminosa y floreciente!
¡Llueve, llora dulcemente!





LOS SAUCES ME LLAMARON…

(de Rimas)

Los sauces me llamaron, y no quise
decir que no a las voces de los muertos:
abrí la verja y penetré tranquilo
en el abandonado cementerio.

Lucía por Oriente la mañana
su celeste dulcísimo y sereno,
y los rayos de un sol de primavera
doraban la campiña con sus besos.

Dentro del campo santo, entre las zarzas
y los agrios rosales, unos huesos
carcomidos y oscuros se escondían
en la tierra mojada, y por el seco
y crujiente ramaje, los lagartos
se entraban en los ojos siempre abiertos
con que las calaveras, bajo lirios,
miraban melancólicas el cielo.

A lo lejos cantaban las alondras;
mi corazón alzó su sentimiento.

Un sepulcro caído, desde el fondo
del patio, me llamó con su misterio:
su losa de alabastro estaba rota
sobre la yerba exuberante, y dentro,
con espantosa mueca, sonreía,
cuajado de rocío, un esqueleto.





MÁS ALLÁ QUE YO

Romances de Coral Gables (1939-1942)

Ese ocaso que se apaga,
¿qué es lo que tiene detrás?,
¿lo que yo perdí en el cielo,
lo que yo perdí en el mar,
lo que yo perdí en la tierra?

¿Más allá, más, más allá
, allá que toda la tierra,
todo el cielo y todo el mar?

¿Más allá que lo pasado
y más que lo que vendrá,
más que el principio y el fin
y más que la eternidad?

¿Más allá que yo, que acabo
todo por imajinar,
que estoy antes y después
de todo, más allá, más?

¿Más allá que yo en la nada,
más que yo en mi nada, más
que la nada y más que el todo
ya sin mí, más, más allá?





MI ALMA ES HERMANA DEL CIELO

(de Arias tristes)

Mi alma es hermana del cielo
gris y de las hojas secas;
sol enfermo del otoño,
¡mátame con tu tristeza!

Los árboles del jardín
están cargados de niebla:
mi corazón busca en elos
esa novia que no encuentra;

y en el suelo frío y húmedo
me esperan las hojas secas:
¡si mi alma fuera una hoja
y se perdiera entre ellas!

El sol ha mandado un rayo
de oro viejo a la arboleda,
un rayo flotante, dulce
luz para las cosas muertas.

¡Qué ternura tiene el pobre
sol para las hojas secas!
Una tristeza infinita
vaga por todas las sendas,

lenta, antogua sinfonía
de músicas y de esencias,
algo que dora el jardín
de ensueño de primavera.

Y esa luz de ensueño y oro
que muere en las hojas secas
alumbra en mi corazón
no sé qué vagas tristezas.





NEGRA

Conmigo duermen mis penas
por la noche, fatigadas
de la lucha que en el día
sostuvieron con mi alma.
Mas ¡ay! que con el reposo
igual que yo, ellas descansan,
y con nueva y mayor furia,
al despuntar la alborada,
a mi alma triste despiertan
para ofrecerle batalla.





NO HAY SOL; EL CIELO DE INVIERNO….

No hay sol; el cielo de invierno
es de bruma y nubes blancas;
sólo hay un raso celeste
sobre las araucarias.

La avenida abre su sueño
llena de mujeres pálidas ...
los vientos están jugando
con las sedas perfumadas.

Hay caricias como rosas
en la lívida mañana;
la carne en flor da el perfume
que han perdido las acacias.

Es un pecado discreto,
es una carne cristiana
que va a misa, con un lirio
entre rosas deshojadas;

carne que nunca podrá
sobre la dulce frescura
de las espaldas románticas
...
en la mañana galante
rezan a Dios las campanas;
desde dentro están llamando
los corazones en gracia.

¡Fondos de oro, con albores
floreados, con fragancia
de purezas sin latido,
con dulzura de gargantas!

Pero el cielo gris ha puesto
muy rosas todas las almas
y tiende rasos celestes
sobre las araucarias ...





NO SÉ LO QUE HE DE HACER…

No sé lo que he de hacer.
Miro cerradas
todas las puertas;
igual es a mi alma que el invierno
la primavera.
No sé ya para qué
la aurora me despierta.
Se que no habrá una mano
que me cuelgue las frescas
guirnaldas del amor: que la amistad más noble
es obtusa y convexa.
Nada... Los mismos libros
-una flora de estrellas-
se caen al abismo
de mis miserias.
Las músicas son falsas
y las verdades huecas.
No sé por qué ni para qué descanso...
La misma muerte me parece ciega.
Pero una voz perenne de viento sin sentido
me clava en las entrañas este dardo
de sol y paz: "¡Espera!".





NOCTURNO

¡Anda, cielo, dime que sí!

El cielo,
Como una adolescente enamorada,
dejándome su mano entre las mías
dice que sí y que no con sus estrellas.

- Y se sonríe y llora
mostrándome la espléndida hermosura
de la inseguridad.-

¡Oh, qué duda, qué afán, qué insomnio!
este no abandonar mi ilusión bella,
ese no querer más que esperar loco.
este no saber nada de las rosas
de la futura primavera;
de este presente casi cierto!

¡Y pasan noches, noches, noches,
sin dormir yo, saliendo
yo, desvelado, a ver el cielo
verde de madrugada; estático, esperando
el sí suyo a mi alma!





NOCTURNO

A G. Martínez Sierra

Aun soñaba en las dulzuras de esta tarde.
Estoy solo; mis amores están lejos;
y mi alma que se muere de tristeza,
de nostalgia y de recuerdos,
se sumía fatigada
en la bruma de los sueños.

Esta tarde han florecido
los vergeles de los cielos;
los crepúsculos pasados fueron grises
cual monótonos crepúsculos de invierno.
Esta tarde renació la primavera:
los velados horizontes descubrieron
sus aldeas indecisas;
hubo rosas y violetas en lo azul del firmamento,
hubo magia fabulosa de colores y de esencias;
fue un crepúsculo de aquellos
de las dulces primaveras que mi alma
ve vagar en sus recuerdos.

En la nada flotó un algo de profundas transparencias
y los giros de las brisas, un momento
dibujáronse temblando;
una onda ensombrecía los misterios
de la tarde...
En el cielo religioso las estrellas del crepúsculo entreabrieron;
y mi alma se perdió en la vaga bruma
de los últimos jardines melancólicos y quietos...

Aun soñaba en las dulzuras de esta tarde.
Estoy solo; mis amores están lejos.

He entreabierto mi balcón:
por oriente ya la luna va naciendo;
las fragantes madreselvas
dan al aire de la noche las unciones de sus frescos
y balsámicos perfumes;
están tristes los luceros.
En mi oído vibra el ritmo de las voces que se aman.
Me da horror de estar a solas con mi cuerpo...
El silencio me contagia;
estoy mudo..., en mis labios no hay acentos...
Me parece que no hay nadie sobre el mundo,
Me parece que mi cuerpo
se agiganta; siento frío, tengo fiebre,
en la sombra me amenazan mil espectros...

He sentido que la vida se ha apagado
sólo viven los latidos de mi pecho:
es que el mundo está en mi alma;
las ciudades son ensueños...

Sólo turba la quietud solemne y honda
el temblor de los diamantes de los cielos.
Estoy solo con mi alma
que se muere de tristeza, de nostalgia y de recuerdos.

¿A quién cuento mis pesares?
Me da miedo de turbar este silencio
con sollozos. ¡Si escuchara algún suspiro!
¡Mis amores están lejos!

Por los árboles henchidos de negruras
hay terrores de unos monstruos soñolientos,
de culebras colosales arrolladas
y alacranes gigantescos;
y parece que del fondo de las sendas
unos hombres enlutados van saliendo...
Los jardines están llenos de visiones;
hay visiones en mi alma..., siento frío,
estoy solo, tengo sueño...
Los recuerdos se amontonan en mi mente,
los suavísimos recuerdos
de las tardes que me dieron sus colores,
sus esencias y sus besos.
¡Son tan dulces esas tardes de la tierra!,
(¡ah, las tardes de los cielos!)

Ya la luna amarillenta
va subiendo.
Mis pupilas, anegadas por el llanto,
se han cuajado de luceros.
Siento frío...¡Quién pudiera
dormitar eternamente en su ensueño,
olvidarse de la tierra
y perderse en lo infinito de los cielos!
Llega un aire perfumado, caen mis lágrimas;
estoy solo; mis amores están lejos...





NOSTALGIA

Al fin nos hallaremos. Las temblorosas manos
apretarán, suaves, la dicha conseguida,
por un sendero solo, muy lejos de los vanos
cuidados que ahora inquietan la fe de nuestra vida.

Las ramas de los sauces mojados y amarillos
nos rozarán las frentes. En la arena perlada,
verbenas llenas de agua, de cálices sencillos,
ornarán la indolente paz de nuestra pisada.

Mi brazo rodeará tu mimosa cintura,
tú dejarás caer en mi hombro tu cabeza,
¡y el ideal vendrá entre la tarde pura,
a envolver nuestro amor en su eterna belleza!





OTOÑO

Esparce octubre, al blando movimiento
del sur, las hojas áureas y las rojas,
y, en la caída clara de sus hojas,
se lleva al infinito el pensamiento.

Qué noble paz en este alejamiento
de todo; oh prado bello que deshojas
tus flores; oh agua fría ya, que mojas
con tu cristal estremecido el viento!

¡Encantamiento de oro! Cárcel pura,
en que el cuerpo, hecho alma, se enternece,
echado en el verdor de una colina!

En una decadencia de hermosura,
la vida se desnuda, y resplandece
la excelsitud de su verdad divina.





PATIO PRIMERO

Silencio. Sólo queda
un olor de jazmín.
Lo único igual a entonces,
a tántas veces luego...
¡Sinfin de tanto fin!





PEDAZO DE SOL…

¡Pedazo de sol,
mariposa de oro
en el muro verde
del jardín umbroso!

¿Adónde te vas?
Quédate en el pozo
de esta pobre alma
caída y sin fondo.

¡En el muro verde
del jardín umbroso,
pedazo del sol,
mariposa de oro!!





PORQUE TODO ES DE VERDAD

¡Qué alegre el Guadalquivir porque la noche se va!
¡Todo canta en sus orillas la esperanza matinal!

Aún la luna está alumbrada y rosa sobre Alcalá,
aún en la onda es de noche, en el cielo tiembla aún la Venus primaveral.

Pero del oriente se enciende, el campo cambia de paz,
alegrado con los verdes que Dios descubriendo va.

A todas las despertadas orillas se llenarán ,
desde Sevilla a Sanlúcar, de las coplas del amar.

Goza el viento con los álamos, es del oro la Catedral…
Risas, lágrimas, ¡no flores! , y todo porque aquí estás.
Porque tú estás ya despierta, porque esperándome estás,
porque no vine en el tren a verte a ti en tu ciudad.
Porque van a ser las ocho, porque las calles te van,
porque tus brazos se alargan, porque te voy a abrazar.

¡Gorrión de las aceras! ¡Campana dominical!
¡Qué alegre mi corazón porque todo es de verdad!





PRIMAVERA AMARILLA

(de Poemas mágicos y dolientes)

¡Abril galán venía, todo
lleno de flores amarillas...
amarillo el arroyo,
amarilla la senda, la colina,
el cementerio de los niños,
el huerto aquel donde el amor vivía!
El sol ungía el mundo de amarillo
con sus luces caídas;
¡oh por los liros áureos,
el agua clara, tibia!,
¡las amarillas mariposas
sobre las rosas amarillas!
Guirnaldas amarillas escalaban
los árboles: el día
era una gracia perfumada de oro
en un dorado despertar de vida...
Entre los huesos de los muertos,
abría Dios sus manos amarillas.





QUÉ TRISTEZA DE OLOR A JAZMÍN!

¡Qué tristeza de olor de jazmín! El verano
torna a encender las calles y a oscurecer las casas,
y, en las noches, regueros descendidos de estrellas
pesan sobre los ojos cargados de nostalgia.

En los balcones, a las altas horas, siguen
blancas mujeres mudas, que parecen fantasmas;
el río manda, a veces, una cansada brisa,
el ocaso, una música imposible y romántica.

La penumbra reluce de suspiros; el mundo
se viene, en un olvido mágico, a flor de alma;
y se cogen libélulas con las manos caídas,
y, entre constelaciones, la alta luna se estanca.

¡Qué tristeza de olor de jazmín! Los pianos
están abiertos; hay en todas partes miradas
calientes... Por el fondo de cada sombra azul,
se esfuma una visión apasionada y láng





REMORDIMIENTO?

La tarde será un sueño de colores...
Tu fantástica risa de oro y plata
derramará en la gracia de las flores
su leve y cristalina catarata.

Tu cuerpo, ya sin mis amantes huellas,
errará por los grises olivares,
cuando la brisa mueva las estrellas
allá sobre la calma de los mares...

¡Sí, tú, tú misma...! irás por los caminos
y el naciente rosado de la luna
te evocará, subiendo entre los pinos,
mis tardes de pasión y de fortuna.

Y mirarás, en pálido embeleso,
sombras en pena, ronda de martirios,
allí donde el amor, beso tras beso,
fue como un agua plácida entre lirios...

¡Agua, beso que no dejó una gota
para el retorno de la primavera;
música sin sentido, seca y rota;
pájaro muerto en lírica pradera!

¡Te sentirás, tal vez, dulce, transida,
y verás, al pasar, en un abismo
al que pobló las frondas de tu vida
de flores de ilusión y de lirismo!





REPROCHES

Como el cansancio se abandona al sueño
así mi vida a ti se confiaba...
Cuando estaba en tus brazos, dulce sueño,
te quería dejar ....y no acababa...

Y no acababa.....¡Y tú te desasiste,
sorda y ciega a mi llanto y a mi anhelo,
y me dejaste desolado y triste,
cual un campo sin flores y sin cielo!

¿Por qué huiste de mi? ¡Ay quién supiera
componer una rosa deshojada;
ver de nuevo, en la aurora verdadera,
la realidad de la ilusión soñada!

¿Adonde te llevaste, negro viento,
entre las hojas secas de la vida,
aquel nido de paz y sentimiento
que gorjeaba al alba estremecida?

¿En qué jardín, de qué rincón, de dónde
rosalearán aquellas manos bellas?
¿Cuál es la mano pérfida que esconde
los senos de celindas y de estrellas?

¡Ay quién pudiera hacer que el sueño fuese
la vida!, ¡Que esta vida fría y vana
que me anega de sombra, fuera ese
sueño que desbarata mi mañana!





ROSA

Sólo eres tú
(aquella tú)
cuando me hieres.





ROSA, POMPA, RISA

Arte Menor ( 1909)

Con la primavera
mis sueños se llenan
de rosas, lo mismo
que las escaleras
orilla del río.

Con la primavera
mis rosas se llenan
de pompas, lo mismo
que las torrenteras
orilla del río.

Con la primavera
mis pompas se llenan
de risas, lo mismo
que las ventoleras
orilla del río.





ROSAS DE CADA DÍA

La Soledad Sonora (1908)

Nacía, gris, la luna, y Beethoven lloraba,
bajo la mano blanca, en el piano de ella...
En la estancia sin luz, ella, mientras tocaba,
morena de la luna, parecía más bella.

Teníamos los dos desangradas las flores
del corazón, y acaso llorábamos sin vernos...
Cada nota encendía una herida de amores...
-...el dulce piano intentaba comprendernos-.

Por el balcón abierto a brumas estrelladas
venía un viento triste de mundos invisibles...
Ella me preguntaba de cosas ignoradas
y yo le respondía de cosas imposibles...





ROSAS MUSTIAS DE CADA DÍA

Todas la rosas blancas de la luna caían,
por la ventana abierta, en el cuerpo desnudo ...
Mirando aquellas carnes blandas que florecían,
hundido entre mis sueños, yo estaba absorto y mudo.

¡Oh su sexo con luna! ¡Esencia indefinible
de su sexo con luna! Hervían los blancores
de la carne, y el rostro, perdido en lo invisible
de la penumbra, lánguido, cerraba sus colores.

Era el enervamiento del dolor ... Y cual una
rosa de treinta años, opulenta y desierta,
el cuerpo blanco se elevaba hacia la luna
frío, espectral, azul, como una pompa muerta ...





SIESTA DE LA TORMENTA

Murió, como un niño, el hijo
de tu loco corazón
y mi loco corazón.

(¡Ay nuestro amor!)

No sé si ríes o lloras
mirando muerto tu amor,
mirando muerto mi amor.

(¡Ay nuestro amor!)

Yo siento como si muertos
estuviéramos tú y yo,
estuviéramos los dos.





SIN TI NADA ES LA VIDA…

Sin ti nada es la vida.
Estoy mirando
el sol y vibra sin sentido;
el campo verde y oro
es fúnebre y vacío.
Estoy mirando el cielo azul
Y me parece absurdo y aburrido.
¡Ay sólo tú, divina, humana,
lo eres todo!.
Tranquilo,
sobre tu corazón, yo dejaría
el mío
y hoy, que no estás aquí,
jadea, ardiente y triste, como un perro
perdido…

No supe lo que eras
hasta que huiste. Lírico
era, contigo el tiempo,
el aire cristalino
corría todo lleno, ante tus ojos de oro,
en claro ilusionismo…
¿Nostalgias o demencias?
Te has ido, sí, te has ido.
Ni la flor tiene aroma
ni trino el pajarillo,
ni castidad la nube,
ni miel la fruta, ni frescura el río…

Como en un Viernes Santo perdurable
la muerte viva tiende un velo umbrío
sobre la soledad crucificada
del campo florecido.
Quieto, mudo, doliente,
clavado estoy en este laberinto.
Ciego, no se tomar ningún camino.

Y solo espero el sueño que no acaba
para acabar con este escalofrío.





SOLEDAD

(de Diario de un poeta recién casado)

En tí estás todo, mar, y sin embargo,
¡qué sinti estás, qué solo,
qué lejos, siempre, de ti mismo!
Abierto en mil heridas, cada instante,
cual mi frente,
tus olas van, como mis pensamientos,
y vienen, van y vienen,
besándose, apartándose,
con un eterno conocerse,
mar, y desconocerse.
Eres tú, y no lo sabes,
tu corazón te late y no lo sientes...
¡Qué plenitud de soledad, mar solo!.





SOMNOLENTA

(de Ninfeas)

Va cayendo la tarde con triste misterio...
inundados de llanto mis ojos dormidos,
al recuerdo doliente de Amores perdidos,
en la bruma diviso fatal cementerio...

El Sol muerto derrama morados fulgores
inundando de nieblas la verde espesura...
Dulce ritmo harmonioso de vaga amargura
me despierta... A mi lado se duermen las flores...

Taciturno prosigo mi senda de abrojos
y mis ojos contemplan la azul Lejanía...
Alá lejos... muy lejos... está mi Alegría,
en los míos clavando sus lívidos ojos...

¡Ah! ¡delirio! ¡delirio...! Al través de una rama
una Sombra adorada ligera se mueve:
una Sombra con cara de lirios y nieve,
que sus labios me ofrece y gimiendo me llama...

Y se aleja llorando con triste misterio.
Inundados de llanto mis ojos dormidos,
al recuerdo doliente de Amores perdidos,
tras la sombra camino al fatal cementerio...





TAL COMO ESTABAS

En el recuerdo estás tal como estabas.
Mi conciencia ya era esta conciencia,
pero yo estaba triste, siempre triste,
porque aún mi presencia no era la semejante
de esta final conciencia

Entre aquellos geranios, bajo aquel limón,
junto a aquel pozo, con aquella niña,
tu luz estaba allí, dios deseante;
tú estabas a mi lado,
dios deseado,
pero no habías entrado todavía en mí.

El sol, el azul, el oro eran,
como la luna y las estrellas,
tu chispear y tu coloración completa,
pero yo no podía cogerte con tu esencia,
la esencia se me iba
(como la mariposa de la forma)
porque la forma estaba en mí
y al correr tras lo otro la dejaba;
tanto, tan fiel que la llevaba,
que no me parecía lo que era.

Y hoy, así, sin yo saber por qué,
la tengo entera, entera.
No sé qué día fue ni con qué luz
vino a un jardín, tal vez, casa, mar, monte,
y vi que era mi nombre sin mi nombre,
sin mi sombra, mi nombre,
el nombre que yo tuve antes de ser
oculto en este ser que me cansaba,
porque no era este ser que hoy he fijado
(que pude no fijar)
para todo el futuro iluminado
iluminante,
dios deseado y deseante.





TARTESIA ALTIVA

Como soy de Moguer y de Sevilla
canto mis ilusiones por seguidillas.
Por seguidillas
canto mis ilusiones, Tartesia altiva





TE DESHOJÉ COMO UNA ROSA

Te deshojé, como una rosa,
para verte tu alma,
y no la vi.

Mas todo en torno
--horizontes de tierras y de mares--,
todo, hasta el infinito,
se colmó de una esencia
inmensa y viva.





TRASCIELO DEL CIELO AZUL

¡Qué miedo el azul del cielo!
¡Negro!
¡Negro de día, en agosto!
¡Qué miedo!
¡Qué espanto en la siesta azul!
¡Negro!
¡Negro en las rosas y el río!
¡Qué miedo!
¡Negro, de día, en mí tierra
-¡negro!-
sobre las paredes blancas!
¡Qué miedo!





TRASUNTO DE CRISTAL …

¡Trasunto de cristal
bello como un esmalte de ataujía!
Desde la galería
esbelta, se veía.
el jardín. Y María
virgen, tímida, plena
y de gracia, igual que una azucena,
se doblaba al anuncio celestial.
Un vivo pajarillo
volaba en una rosa.
El alba era primorosa.
Y, cual la luna matinal,
se perdía en el sol nuevo y
sencillo,
el ala de Gabriel, blanco y triunfal
¡Memoria de cristal!





UN JARDÍN QUE NOS CONSUELE

Lentamente

Cuando el corazón nos duele
por causa de una mujer,
qué dulce es poder tener
un jardín que nos consuele!

A veces, una violeta,
en la más larga avenida,
es buena para la herida
de un corazón de poeta.

Es la fragancia, que envuelve
la pena del corazón,
que hace cantar la canción
de lo que ya nunca vuelve...

Brisa triste, brisa en calma
de mi jardín florecido,
¿dónde encuentras ese olvido
que pones sobre mi alma?

Di, brisa ¿en qué blanco cielo,
en qué fuentes, en qué lumbres
recoges tus mansedumbres
y tus voces de consuelo?

...Pues que tan triste frescor
tienes, violeta, y tú, brisa,
¿a qué quiero la sonrisa
de sus dos labios en flor?

¡Qué dulce es poder tener
un jardín que nos consuele,
cuando el corazón nos duele
por causa de una mujer¡





VIENTO DE AMOR

La Estación Total con las Canciones de la Nueva Luz (1924-1936)

Por la cima del árbol iré
y te buscaré.

Por la cima del árbol he de ir,
por la cima del árbol has de venir,
por la cima del árbol verde
donde nada y todo se pierde.

Por la cima del árbol iré
y te encontraré.

En la cima del árbol se va
a la ventura que aún no está,
en la cima del árbol se viene
de la dicha que ya se tiene.

Por la cima del árbol iré
y te cogeré.

El viento la cambia de color
como el afán cambia el amor,
y a la luz de viento y afán
hojas y amor vienen y van.

Por la cima del árbol iré
y te perderé.





VINO, PRIMERO, PURA…

1918

Vino, primero, pura,
Vestida de inocencia.
Y la amé como un niño.

Luego se fue vistiendo
De no sé qué ropajes.
Y la fui odiando, sin saberlo.

Llegó a ser una reina,
Fastuosa de tesoros...
¡Qué iracundia de yel y sin sentido!

...Mas se fue desnudando.
Y yo le sonreía.

Se quedó con la túnica
De su inocencia antigua.
Creí de nuevo en ella.

Y se quitó la túnica,
Y apareció desnuda toda...
¡Oh pasión de mi vida, poesía
desnuda, mía para siempre!





YO ME MORIRÉ

Arias Tristes (1903)

Yo me moriré, y la noche
triste, serena y callada,
dormirá el mundo a los rayos
de su luna solitaria.

Mi cuerpo estará amarillo,
y por la abierta ventana
entrará una brisa fresca
preguntando por mi alma.

No sé si habrá quien solloce
cerca de mi negra caja,
o quien me dé un largo beso
entre caricias y lágrimas.

Pero habrá estrellas y flores
y suspiros y fragancias,
y amor en las avenidas
a la sombra de las ramas.

Y sonará ese piano
como en esta noche plácida,
y no tendrá quien lo escuche
sollozando en la ventana.





YO NO SOY YO

Soy este
que va a mi lado sin yo verlo;
que, a veces, voy a ver,
y que, a veces, olvido.
El que calla, sereno, cuando hablo,
el que perdona, dulce, cuando odio,
el que pasea por donde no estoy,
el que quedará en pié cuando yo muera.





ZINC

¡Qué hueco tan robado
el de este vano cielo
que nada al alma pone,
ni nada quita al cuerpo!

 

 

 

Juan Ramón Jiménez

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