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Mercurio

 

Mercurio

El primer planeta del sistema solar es Mercurio, que se encuentra en una distancia media de 0,38 unidades astronómica del Sol (o sea, 58 millones de kilómetros). La órbita del planeta es una elipse relativamente plana, de modo que la distancia es en realidad muy variable, entre 0,31 y 0,47 unidades astronómicas.

La proximidad de Mercurio con nuestra estrella explica que, visto desde la Tierra, el planeta jamás se aleja mucho del astro del día. La separación angular máxima es sólo de 28 grados. Mercurio es, pues, visible desde la Tierra sólo durante un lapso de tiempo muy corto, en el momento de la subida o de la puesta del sol.

Además, Mercurio tiene un diámetro aparente muy bajo, lo que hace prácticamente imposible la observación del menor detalle en su superficie.

 

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Una imagen de Mercurio tomada por la sonda Messenger en enero de 2008. Crédito: NASA/Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory/Carnegie Institution of Washington

El período de rotación

Hubo que esperar los años 1960 y la utilización de un radar para medir el período de rotación del planeta. En esta época, los astrónomos enviaron ondas de radio hacia Mercurio y analizaron la señal reenviada. Las ondas reflejadas presentaban un desfase en longitud de onda vinculado al efecto Doppler inducido por el movimiento de rotación del planeta, lo que permitió medir su velocidad. El período de rotación fue así estimado en aproximadamente 59 días terrestres.

La particularidad de este valor es que corresponde exactamente a los dos tercios del periodo de revolución de Mercurio en torno al Sol, o sea, 88 días. No se trata de una coincidencia, sino del resultado de la influencia gravitacional del Sol sobre la rotación de Mercurio, un mecanismo también implicado en el caso de la Luna.

Observemos que para habitantes hipotéticos de Mercurio, la combinación de una rotación lenta y una revolución rápida tendría una consecuencia sorprendente. En efecto, sobre el mismo planeta, el intervalo entre dos pasos del Sol a la vertical de un punto determinado es igual al doble del período de revolución alrededor del Sol. ¡ Es decir, un día dura dos años!

 

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Mercurio observado por la sonda Messenger el 14 de enero de 2008. El cráter Sullivan, a la derecha, tiene un diámetro de cerca de 135 kilómetros. Crédito: NASA/Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory/Carnegie Institution of Washington

La atmósfera y la superficie

Con un diámetro de 4900 kilómetros, Mercurio es el segundo planeta más pequeño del sistema solar. Su masa y su gravedad son bajas, y el planeta, así pues, fue incapaz de retener una atmósfera. La sonda Mariner 10, que sobrevoló Mercurio en tres ocasiones, en 1974 y 1975, ha detectado, sin embargo, algunos rastros de gas raros como el argón, el neón y el helio.

La ausencia de atmósfera tiene como consecuencia una diferencia muy grande de temperatura entre el día y la noche. Mariner 10 mostró así que la temperatura sobre la cara expuesta al Sol era de cerca de 470 grados Celsius, mientras que desciende a -180 grados sobre la cara no alumbrada.

Mariner 10 aprovechó también sus sobrevuelos de Mercurio para fotografiar cerca del 45 por ciento de la superficie del planeta. Sus imágenes revelaron un mundo similar a la Luna, recubierto de una multitud de cráteres.

Ciertas formaciones son más originales, en particular escarpaduras muy largas, a veces longitudes de más de 500 kilómetros, que parecen trazar una cuadrícula enorme sobre el planeta. Estas escarpaduras probablemente se formaron cuando el planeta se enfrió después de su nacimiento y se estrechó agrietando su superficie.

Mariner 10 reveló también la presencia de un enorme cráter de 1300 kilómetros de diámetro, llamado Cuenca Caloris, nacido en la colisión con un gigantesco meteorito. Este acontecimiento fue tan catastrófico que creó ondas sísmicas que se propagaron y dieron origen a un macizo de montañas al otro lado del planeta, opuesto del cráter.

La sonda Messenger

A parte de Mariner 10 en los años 70, el planeta Mercurio sólo se visitó por otra sonda, Messenger, principalmente porque la proximidad del Sol hace la navegación muy delicada.

La sonda Messenger debió utilizar una órbita muy compleja con asistencia gravitacional de Venus y la Tierra para poder no sólo sobrevolar, sino también ponerse en órbita alrededor de Mercurio. Después de su lanzamiento, el 3 de agosto de 2004, la sonda en primer lugar volvió a pasar cerca de la Tierra en agosto de 2005, luego rozó Venus en octubre de 2006 y junio de 2007, antes de sobrevolar Mercurio en enero y octubre de 2008 y en septiembre de 2009, para ponerse finalmente en órbita alrededor del planeta en marzo de 2011.

El objetivo de la misión Messenger es comprender mejor un planeta que, a pesar de su relativa proximidad, es aún muy mal conocido. Los objetivos de la sonda son así estudiar la composición de la superficie, con el fin, en particular, de explicar la elevada densidad de Mercurio, de reconstruir su historia geológica a partir de observaciones topográficas, medir su campo magnético, determinar la estructura de su núcleo, analizar los materiales reflectantes cerca de los polos del planeta, así como los materiales raros volátiles de la atmósfera muy tenue de Mercurio.

 

 

ASTRONOMÍA Y ASTROFÍSICA - ANTONIO HERAS - SON FERRER (CALVIÁ)

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