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La Luna

 

La Luna

La Luna posee un diámetro de 3480 kilómetros, o sea, alrededor de un cuarto del de la Tierra. Gira en torno a nuestro planeta a una distancia media de 384.000 kilómetros, en una órbita ligeramente inclinada con relación al plano de la eclíptica.

La Luna gira sobre sí misma en poco más de 27 días. Un fenómeno notable es el hecho de que este período de rotación es exactamente igual al período de revolución sideral de la Luna, es decir, el tiempo empleado por nuestro satélite para efectuar una vuelta completa alrededor de la Tierra y encontrarse en la misma posición en el cielo. La igualdad entre estos dos valores es la razón por la cual observamos siempre la misma cara de la Luna.

Esta igualdad se origina en el hecho de que la Luna no es perfectamente esférica, sino ligeramente alargada. La fuerza de gravitación de la Tierra está, en consecuencia, en condiciones de frenar o acelerar la rotación de la Luna sobre sí misma, y pudo en el pasado forzar al eje de alargamiento lunar alinearse en la dirección Tierra-Luna. Desde que se alcanzó este punto estable, el alargamiento de la Luna está bloqueado en nuestra dirección, y el satélite nos presenta siempre la misma cara.
 

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Un mosaico de imágenes de la Luna tomadas por la sonda Galileo en 1992. Crédito: NASA

 

Señalemos que podemos, de hecho, observar ligeramente solo la mitad de la superficie. En efecto, la órbita de la Luna no es perfectamente circular, y su eje de rotación no es exactamente perpendicular a esta órbita. La Luna oscila, pues, ligeramente con relación a su punto de equilibrio, un fenómeno conocido bajo el nombre de "libración". Esto nos permite a largo plazo observar hasta el 59 por ciento de la superficie lunar sin dejar la Tierra.

Los eclipses

A causa de su revolución alrededor de nuestro planeta, la Luna cambia constantemente de posición con relación a la dirección Sol-tierra. La dirección de su parte iluminada con relación al eje Tierra-luna varía, pues, lo que explica que en el curso de un mes lunar su aspecto cambia y pasa por una serie de fases.

Así, por ejemplo, cuando la Luna se encuentra directamente entre el Sol y la Tierra, la parte alumbrada del satélite nos es invisible, y hablamos de Luna nueva. Al contrario, cuando la Luna se encuentra en la dirección opuesta al Sol, podemos observar la parte alumbrada en su totalidad, y es calificada de Luna llena.

Eclipse de Sol

Un eclipse de Sol se produce cuando la Luna se encuentra exactamente entre la Tierra y el Sol. Para un observador sobre la Tierra, tres casos hipotéticos son entonces posibles.

En el caso más favorable, el de un eclipse total, el disco lunar está bien centrado y esconde completamente la superficie del Sol. La oscuridad cae entonces justo en medio del día y puede durar varios minutos. Así como la superficie del Sol se oculta, su cromosfera y su corona son visibles y dan lugar a un espectáculo magnífico.

En un segundo caso, el disco lunar no se centra en el de Sol. Sólo se oculta entonces una parte de la superficie de nuestra estrella, y se habla de un eclipse parcial, un fenómeno mucho menos espectacular.

Por fin, el último caso se produce cuando las distancias relativas de los tres cuerpos son tales que el disco lunar es más pequeño que el del Sol. En este caso, sólo la parte central del Sol se esconde, y hablamos de un eclipse anular, ya que un anillo de luz parece rodear el disco de la Luna.

Los eclipses anulares se producen cada año (a veces cada dos o tres años), pero raramente son visibles desde nuestro país. El último que pasó por la Península Ibérica fue hace más de dos siglos, y el próximo pasará en 2026.
 

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Eclipse Solar Total. Crédito: Fastfission

 

Eclipse de Luna

Un eclipse de la Luna se produce cuando la Tierra pasa exactamente entre el Sol y nuestro satélite. La luz solar entonces está bloqueada por la Tierra, y la Luna ya no está alumbrada completamente.

Incluso en el mejor caso, el de una alineación perfecta, la Luna no desaparece del cielo. En efecto, los rayos del Sol que pasan por los alrededores de la Tierra son desviados por nuestra atmósfera, y una fracción llega débilmente para alumbrar la Luna.

Tengamos en cuenta aún que, al pasar por nuestra atmósfera, la luz solar sufre un fenómeno de difusión que afecta sobre todo a su parte azul y menos su parte roja. La luz que alcanza nuestro satélite es, pues, más bien roja, lo que explica el aspecto rojizo de los eclipses de Luna.

 

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Diagrama de un eclipse lunar. Crédito: Luca

 

Se producen entre cuatro y siete eclipses al año. Contamos por término medio tantos eclipses del Sol como de la Luna.

Los eclipses de la Luna parecen más corrientes, porque cuando se producen son observables por la mitad de los habitantes de la Tierra, mientras que los eclipses del Sol sólo pueden ser observados sobre una banda muy estrecha de la superficie de la tierra. Así, los habitantes de una región determinada del globo observarán muchos menos eclipses del Sol que de la Luna en un período dado.

 

 

ASTRONOMÍA Y ASTROFÍSICA - ANTONIO HERAS - SON FERRER (CALVIÁ)

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