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INTRODUCCIÓN ASTRONOMÍA Y ASTROFÍSICA

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LOS PLANETAS Y LA VIDA

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LOS PLANETAS Y LA VIDA

La detección de señales extraterrestres

 

La aparición de la vida sobre Tierra
La química de la vida
La aparición de la vida sobre la Tierra
La aparición de las células y de la fotosíntesis
La explosión de la vida multicelular

Los planetas extrasolares
Los métodos de detección de exoplanetas
Las observaciones de exoplanetas

Las misiones espaciales CoRoT y Kepler

La búsqueda de vida extraterrestre
Los sistemas planetarios favorables para la vida
Los planetas favorables para la vida
La detección de señales extraterrestres
La búsqueda de señales extraterrestres
La paradoja de Fermi

 

 

 

 

 

 

 

 

The_Earth_seen_from_Apollo_17

“La bola azul”: Fotografía de África, la Antártida y la península Arábiga tomada en ruta para la luna por Harrison Schmitt o Ron Evans durante la misión Apolo 17 el 7 de diciembre de 1972. Este vuelo fue el último en dejar la órbita terrestre, y el único en el cual un geólogo, Harrison Schmitt, volvió sobre la luna. Crédito: NASA

La detección de señales extraterrestres

La presencia de planetas alrededor de otras estrellas ha sido demostrada, y es más que probable que existen numerosos sistemas planetarios que tienen las características favorables para el desarrollo de la vida (nuestra Galaxia contiene más de 300 mil millones de estrellas). En estas condiciones, procesos naturales semejantes a los que se produjeron sobre la Tierra, probablemente, habrán dado origen a la vida sobre otros planetas.

Con una buena dosis de suerte y dando a la naturaleza mucho tiempo, parece natural imaginar que sobre algunos de estos planetas la vida habrá evolucionado hacia la inteligencia, y que existe, así pues, un cierto número de civilizaciones avanzadas alrededor de otras estrellas. ¿Si tales civilizaciones extraterrestres existen, cuál es el mejor medio de descubrirlas o de comunicar con ellas?

Enviar una nave espacial o una sonda necesitaría un tiempo colosal a causa de las distancias astronómicas pendientes. Así, la estrella más próxima del sistema solar, Próxima Centauri, se encuentra a 4,2 años-luz, es decir, más o menos 40.000 mil millones de kilómetros. A su velocidad actual, 17 kilómetros por segundo, la sonda Voyager 1 emplearía cerca de 75.000 años para ir allá (si se desplazara en la buena dirección), y esto únicamente para la ida. Se puede evidentemente soñar con tecnologías más avanzadas, pero, incluso para una civilización más desarrollada que la nuestra, la duración y el coste de un viaje más rápido serían enormes.

La radioastronomía

La mejor solución, en el estado actual de nuestros conocimientos, consiste en recurrir a las ondas electromagnéticas, muy particularmente en el campo de radio. Se trata entonces, o de captar un mensaje que intencionalmente nos sería enviado por otros seres inteligentes, o de interceptar fugas en sus transmisiones internas, al igual que otras civilizaciones cercanas podrían interceptar nuestros programas de radio o televisión.

Las ondas de radio presentan numerosas ventajas. Primero, se desplazan a la velocidad de la luz. Sólo necesitan, pues, 4,2 años para alcanzar Próxima Centauri, por ejemplo. Luego, son fáciles de crear o recibir, y esto a un coste bajo. Por fin, no son perturbadas por el campo magnético galáctico y, para un cierto número de frecuencias, la absorción y la difusión por la materia interestelar son muy bajas.

 

Arecibo_Observatory_Aerial_View

 

El radiotelescopio de Arecibo está situado en Arecibo, Puerto Rico, al norte de la isla. El telescopio de Arecibo destaca por su gran tamaño: el diámetro de la antena principal es de 305 metros, construida dentro de una depresión. La antena convergente es la más grande y curvada del mundo, lo que le aporta una gran capacidad de recepción de ondas electromagnéticas. La superficie de la antena está formada por 38 778 láminas perforadas de aluminio; cada una mide aproximadamente 1 x 2 m, soportadas por un entramado de cables de acero.

Es una antena esférica (en oposición a antena parabólica). Esta forma proviene del método utilizado para orientar el telescopio. El reflector es fijo pero la antena y su receptor se sitúan en su punto focal para interceptar las señales reflejadas de las diferentes direcciones por la superficie esférica. El receptor está situado sobre una plataforma de 900 toneladas, suspendida 150 m en el aire por 18 cables sujetados por tres torres de hormigón armado, una de 110 m de altura y las otras dos de 80 m de altura (las cúspides de las tres torres están al mismo nivel). La plataforma posee una vía giratoria de 93 m de longitud, en forma de arco, sobre la cual se montan la antena de recepción, los reflectores secundarios y terciarios. Esto le permite al telescopio observar cualquier región del cielo en un cono de 40 grados alrededor del cenit local (entre -1 y 38 grados de declinación). La localización de Puerto Rico cerca del Ecuador le permite a Arecibo observar todos los planetas del Sistema Solar. Crédito : www.naic.edu


El inconveniente de las ondas de radio es que ciertos campos de frecuencias están muy contaminados por objetos creados por el hombre, como los satélites, pero también por la inmensa mayoría de cuerpos o fenómenos celestes: estrellas, púlsares, nubes de gas, quásares, o incluso la radiación fósil misma.

Esta contaminación generalizada hace a los radioastrónomos considerar sólo un pequeño campo de frecuencia comprendido entre 1 y 100 gigahercios en el campo de microonda. En esta región reina una calma relativa, si no es un murmullo debido a la radiación fósil, y es posible emitir o recibir señales a un coste bajo energético y financiero. La gran mayoría de los esfuerzos de detección de señales extraterrestres son, así pues, llevadas sobre este campo de frecuencia.

 

 

ASTRONOMÍA Y ASTROFÍSICA - ANTONIO HERAS - SON FERRER (CALVIÁ)

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