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INTRODUCCIÓN ASTRONOMÍA Y ASTROFÍSICA

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HISTORIA DE LA ASTRONOMÍA

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LA HISTORIA DE LA ASTRONOMÍA

La astronomía de Egipto antiguo

 

De la antigüedad a la edad media
El movimiento aparente de los planetas
Los principios de la astronomía
La astronomía en Mesopotamia
La astronomía de Egipto antiguo
La astronomía griega
La astronomía en tierra de Islam

La llegada de la astronomía moderna
Nicolás Copérnico
Tycho Brahe
Johannes Kepler
Galileo Galilei
Isaac Newton
La mecánica celeste

El nacimiento de la astrofísica
Las ondas luminosas
El análisis espectral, la temperatura y la composición química
El análisis espectral, el efecto Doppler y otras aplicaciones

La astronomía de los siglos XX y XXI
Anteojos y telescopios
La alta resolución angular
La radioastronomía
La astronomía en otras longitudes de onda
 

 

 

detalle_ocular_telescopio_de_La_Plata

Detalle del ocular del telescopio refractor Gran Ecuatorial Gautier en el observatorio de La Plata, provincia de Buenos Aires, Argentina.

La astronomía de Egipto antiguo

¡Solamente la Biblioteca de Alejandría había resistido a guerras y conquistas!
Desgraciadamente, nuestros conocimientos sobre la astronomía de Egipto antiguo son muy limitados y nos vienen papiros raros, así como algunas inscripciones sobre tumbas o templos.

La astronomía tenía una enorme importancia para la civilización egipcia, tanto desde un punto de vista religioso como en la organización de la vida diaria, en particular en la medida del tiempo.

 

Geb,_Nut,_Shu

 

En la mitología egipcia, la diosa Nout representa el cielo, Shou el aire y Geb la tierra. Esta imagen muestra una parte del papiro Greenfield (1025 antes de nuestra era), donde se ve el cuerpo de Nout, sostenido por Shou, y el de Geb, en el suelo. Crédito: British Museum

Un año solar de 365 días

A causa de la revolución anual de la Tierra alrededor del Sol, la posición aparente de nuestra estrella, con relación a la bóveda celeste, se desplaza lentamente hacia el este en el curso del año. Por consiguiente, cada mañana, nuevas estrellas, que antes estaban perdidas en las luces del alba, se vuelven visibles en el horizonte justo antes del amanecer. Llamamos esta primera aparición en el año el orto helíaco (de la palabra griega para el Sol: helios).

En la época de Egipto antiguo, la crecida del Nilo se producía todos los años alrededor del 19 de julio. Pura coincidencia, es también en esta época que la estrella más brillante del cielo, Sirio, llamada Sothis en griego y Sopdet en egipcio, tenía su orto helíaco y hacía entonces su primera aparición del año. Como la crecida del Nilo iba a fertilizar las tierras y alimentar al pueblo, la observación del orto helíaco de Sirio, y más generalmente del cielo nocturno, se volvió un elemento esencial de la civilización egipcia.

Al basar su medida del tiempo en el movimiento aparente del Sol, antes que en los ciclos de la Luna, los Egipcios inventaron el calendario solar. Como el orto helíaco de Sirio se producía aproximadamente cada 365 días y noches, dividieron el año en 365 días. Como el ciclo de la Luna duraba más o menos 30 días y noches, dividieron el año en 12 meses de 30 días, estando aún dividido cada mes en tres décadas de 10 días.

Por fin, para llegar a un total de 365, añadieron cinco días suplementarios, llamados días epagómenos, que pasaron a ser días de celebración de los dioses Osiris, Seth, Isis, Neftis y Horus.

Como el año astronómico no dura exactamente 365 días, el calendario egipcio derivaba suavemente con relación al ciclo de la bóveda celeste, alrededor de un día cada cuatro años. La crecida del Nilo sólo coincidía entonces con el principio oficial del año cada 1460 años, una duración de tiempo que se llamó ciclo sotíaco.

Será necesario esperar que Julio César instaure el "calendario juliano" y sus años bisiestos, en el 45 antes de nuestra era, para que el calendario se ajuste mejor a los astros.

Un día de 24 horas

Los Egipcios inventaron también la división del día en 24 horas. Para navegar mejor en la bóveda celeste y medir el paso del tiempo, recortaron el cielo en pequeños grupos de estrellas bien reconocibles que se levantaban unos tras otros en el curso de la noche. Para coincidir con las décadas de 10 días, cada grupo de estrellas había sido escogido de tal forma que su orto helíaco esté separado del precedente en 10 días. Se contaba, así pues, con 36 grupos de estrellas que se llamaron decanatos.

Puesto que la duración de la noche depende de las estaciones, el número de decanatos observables durante una noche es variable. Pero al principio del verano, en la época de orto helíaco de Sirio, la noche solo dura alrededor de 8 horas, y sólo 12 decanatos son observables. Este número se tomó —de manera un poco arbitraria— como base del nuevo sistema. El principio se extendió al día, dividido a su vez en 12 horas. Es así que los Egipcios establecieron el día de 24 horas que aún utilizamos.

Los monumentos

La fascinación de los egipcios por el cielo también se tradujo en la arquitectura de algunos de sus monumentos. Por ejemplo, las grandes pirámides de Guiza estaban alineadas sobre los cuatro puntos cardinales con una precisión impresionante, del orden de algunos minutos de arco. Por supuesto, a causa de la precesión de los equinoccios, el norte de la época no estaba en la dirección de la estrella polar actual, sino en la de la estrella Thuban, en la constelación del Dragón.

Otro ejemplo conocido es el templo de Amón-Ra, en Karnak, que por su parte se alineaba con la dirección del Sol naciente durante el solsticio de verano.

Los mitos

Los egipcios tenían una mitología muy rica y a menudo asociada con los fenómenos celestes. En algunos textos, el mundo era una gran caja rectangular cuyos lados norte y sur eran los más largos. Sobre esta caja se encontraba un techo llano, sostenido por cuatro pilares. Estos últimos estaban conectados por una cadena montañosa, y un río celeste fluía tranquilamente en una proyección a lo largo de esta cadena. Las barcas navegaban por este río celeste y transportaban la Luna, el Sol y los planetas.

En otra interpretación, era el cuerpo de la diosa Nout, desplegado por encima del mundo, brazos y piernas separados, que formaba la bóveda celeste. Su útero engendraba cada mañana el Sol al este, y su boca se lo tragaba al atardecer al oeste. Geb, el dios de la Tierra, estaba acostado bajo Nout, su esposa y hermana.

Todos los cuerpos celestes estaban generalmente asociados a las divinidades. El Sol representaba a diferentes dioses en función de su posición en el cielo, Jepri al amanecer, Ra al mediodía y Jnum por la noche. La Luna también representaba varias divinidades, Jonsu, Tot e Iah

La constelación de Orión tenía una importancia muy particular y evocaba a Osiris, el primer niño de Nout y Geb, dios de la muerte y la renovación. La muerte de Osiris y su renacimiento eran símbolos poderosos de la sequía anual de Egipto, siempre seguida de la crecida del Nilo y la fertilización de las tierras.

 

 

ASTRONOMÍA Y ASTROFÍSICA - ANTONIO HERAS - SON FERRER (CALVIÁ)

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